5 de mayo de 2013

Veo, que desde el último día que vine por aquí, no ha cambiado mucho. Los árboles tienen más hojas,adornados con sus flores, pajaritos y mariposas revoloteando por ahí, los mismos bancos, los mismos atardeceres, pero siguen ahí, donde los dejé.

Sin embargo, el paso del tiempo y las personas hacen que resulte diferente.

Tic, tac, tic, tac,... Resuena mi reloj mientras estoy sentada en mi rinconcito. A lo mejor pensamos que perdemos el tiempo, pero todo tiene su porque. La gente pierde el tiempo por su pasado, por lo que han hecho y la verdad pienso, que deberíamos medirlo por todas las cosas que vamos a hacer.

Me gustaría que nos parásemos a pensar en los pequeños detalles.

Otra parte del tiempo, lo malgastamos en preparar cosas grandes... Para luego dedicarte a superar esa inmensidad hasta no poder superarla. 

Y es que el poder del tiempo reside en esas pequeñas cosas. El movimiento por el cual se cae un hoja, la sonrisa que desprende una persona, los abrazos sin una causa justificada, dar una caricia sin querer queriendo, una llamada inesperada, pasear juntos agarrados de la mano, el afecto ate dos personas mayores, la amabilidad entre una madre e hijo, la complicidad entre dos amigos, la risa contagiosa, los ánimos, las miradas, estas palabras, los hechos.

Y saber que esas cosas son importantes ya que hacen que el tiempo no nos importa y desaparezca por instantes,... Y hace que el tiempo no te esté pisando los talones...




7 de abril de 2013

El echar en falta.


- Cierra los ojos, -me dijo una amiga-, que no hay nada más bonito que ver tu interior. Al recorrer todo lo que está dentro, descubrimos un mundo el cual muy pocas personas no llegan a conocer.

Al cerrar los ojos, cambiamos la realidad por nuestras emociones. ¿Y qué hay ahí? ¿Qué hay en mí?

El primer sentimiento que conocí, fue el echar de menos.  Ahí puedes ver las huellas que han dejado en ti a lo largo de tu vida. Ya puede ser por todo lo vivido con una persona, o por un momento en el cual ya no tiene su posesión. Son sensaciones que guardan un abrazo, un beso, el mejor detalle mostrado o incluso una mirada, pero que ya no está. Entonces tu alma está adormida, adormida en unos brazos que ya no están, aposentada en un vertiginoso y gran vacío. Son impresiones desprevenidas, que no las tienes en cuenta cuando lo tienes todo.

Las impresiones nacen en el rinconcito más oscuro de ti y florece en lo más bonito; en tu sonrisa. Querido lector, ¿Se ha dado cuenta que cuando algo nos sienta bien, esa gratitud se da en muestra de sonrisa?
Al desnudar el alma, se produce un suspiro donde ahí se resume todas las sensaciones.  Con recelo, nos mostramos secos ante lo desconocido. Y con confianza, aceptamos el trato de conocerlo.

Poco a poco intercambiamos gestos, que hacen que nos mostremos más receptivos ante ese estímulo. Las buenas cosas, las cogemos al vuelo. En cambio, lo malo cuesta digerir. Por eso la dulzura, el cariño, el amor, la amistad, ese afecto entre personas, hacen que aspiremos y pensemos a tenerlas para siempre. Pero cuando ya no las hay, cuando se escapan entrelazadas en el viento, guardas ese recuerdo dentro de tu alma. Para cuando cierres los ojos, recuerdes que están donde ellos mismos se murieron; en tu alma.


6 de enero de 2013

Urge. Se necesitan abrazos.


Se respiraba tanta felicidad que no podía ni cogerla. Podía inventar mil y un momentos, que mi mente no podía ni coger. Tenía qué hacer un plan: irme a un lugar donde mis alas podrían alcanzaban lo imposible. Vestirme con lo primero que se me pasase e irme a bailar. Danzar con el viento y que me conceda un baile.

Por cada lágrima, un beso y por cada abrazo, una canción.
Se avecinaban tiempos difíciles, y por más que me resistía, mas me adentraba en los segundos.