Se respiraba tanta felicidad que no podía ni cogerla. Podía inventar mil y un momentos, que mi mente no podía ni coger. Tenía qué hacer un plan: irme a un lugar donde mis alas podrían alcanzaban lo imposible. Vestirme con lo primero que se me pasase e irme a bailar. Danzar con el viento y que me conceda un baile.
Por cada lágrima, un beso y por cada abrazo, una canción.
