7 de abril de 2013

El echar en falta.


- Cierra los ojos, -me dijo una amiga-, que no hay nada más bonito que ver tu interior. Al recorrer todo lo que está dentro, descubrimos un mundo el cual muy pocas personas no llegan a conocer.

Al cerrar los ojos, cambiamos la realidad por nuestras emociones. ¿Y qué hay ahí? ¿Qué hay en mí?

El primer sentimiento que conocí, fue el echar de menos.  Ahí puedes ver las huellas que han dejado en ti a lo largo de tu vida. Ya puede ser por todo lo vivido con una persona, o por un momento en el cual ya no tiene su posesión. Son sensaciones que guardan un abrazo, un beso, el mejor detalle mostrado o incluso una mirada, pero que ya no está. Entonces tu alma está adormida, adormida en unos brazos que ya no están, aposentada en un vertiginoso y gran vacío. Son impresiones desprevenidas, que no las tienes en cuenta cuando lo tienes todo.

Las impresiones nacen en el rinconcito más oscuro de ti y florece en lo más bonito; en tu sonrisa. Querido lector, ¿Se ha dado cuenta que cuando algo nos sienta bien, esa gratitud se da en muestra de sonrisa?
Al desnudar el alma, se produce un suspiro donde ahí se resume todas las sensaciones.  Con recelo, nos mostramos secos ante lo desconocido. Y con confianza, aceptamos el trato de conocerlo.

Poco a poco intercambiamos gestos, que hacen que nos mostremos más receptivos ante ese estímulo. Las buenas cosas, las cogemos al vuelo. En cambio, lo malo cuesta digerir. Por eso la dulzura, el cariño, el amor, la amistad, ese afecto entre personas, hacen que aspiremos y pensemos a tenerlas para siempre. Pero cuando ya no las hay, cuando se escapan entrelazadas en el viento, guardas ese recuerdo dentro de tu alma. Para cuando cierres los ojos, recuerdes que están donde ellos mismos se murieron; en tu alma.